Intento de Objetividad

La guerra sin fin

Escrito por intentodeobjetividad 23-02-2014 en General. Comentarios (0)


Hay una leyenda tan antigua que no se conoce ni remotamente su origen. Aunque hay muchas conjeturas, muy dispares como para encontrar algo en común. De alguna forma, sobrevivió durante el paso del tiempo hasta nuestros días. Aquí se cuenta la historia de dos pueblos que, según relatan ellos mismos, se remonta a un origen común. En un tiempo antiquísimo, una gran cantidad de personas encabezadas por dos hermanos llego a la isla Berhom, ingente de recursos pero inhabitada.  Los lideres se llamaban Espino y Soteni , tan diferentes como virtuosos. Sus cualidades se complementaban y si de ambos se hubiera podido formar un hombre, este sería incluso superior a los dioses. En la isla se fundaron tres ciudades. Dos se ubicaron en extremos opuestos de la isla y tomaron el nombre de cada hermano. Una tercera, ideada para mantener la concordia entre ambos pueblos, se ubico justo en el medio y se la llamo Sicidone.

 Los Soteni era un pueblo unido aunque con menos habitantes que sus rivales. Aceptaban de buen grado su sometimiento a un gobierno autoritario y  autocrático. Estaban dirigidos por un rey quien era electo por su capacidad y no por su linaje. En el momento de su coronación, el líder designaba un  sucesor, de esta forma se evitaban problemas de sucesión.  En el accionar diario, era aconsejado por un consejo compuesto por las diez personas más ancianas aunque la decisión final recaía indeclinablemente en él.  Los Soteni tenían una  forma de vida  barbará y su dieta estaba compuesta casi completamente de carne animal.

 Los Espino vivían en plena democracia. Sus habitantes eran claramente mas fuertes e inteligentes que sus  enemigos pero la indecisión que los invadía no permitía aprovechar esto. Una asamblea de 500 miembros dominaba el gobierno.  La renovación era anual y  la elección de integrantes se hacía por sorteo público. Era una organización absolutamente horizontal ya que nadie poseía más poder que otro. Cada propuesta se estudiaba una y otra vez necesitando una mayoría de dos tercios para ser aprobada.  Eran principalmente vegetarianos pero en épocas festivas solían degustar animales marinos.

 Después de la muerte de los líderes, misteriosamente simultanea, comenzó la guerra.  Sicidone es el centro del conflicto y nunca cesa de fluir sangre por sus amplias calles.  Los Espino y los Soteni luchan incansablemente entre sí  por dominarla pero sin poder lograr ninguna ventaja decisiva. A diferencia de lo que se podría pensar no es una guerra estática, todo lo contrario. A veces unos avanzan hasta casi triunfar pero los otros logran recobrar fuerzas,  haciéndolos retroceder. Esta situación se repite muchas veces y coincide con los momentos de fortaleza de cada pueblo. Los Espino se fortalecen de la luna llena y los Soteni de la luna nueva.  Las enormes diferencias entre ambos pueblos  se ven  claramente en las batallas que son entre las compactas líneas hoplitas Espino y los desordenados pero brutales guerreros Soteni.  No hay enfrentamientos importantes, solo escaramuzas aisladas que se extienden a lo largo de la ciudad y, en menor medida, en los alrededores.

 Hasta este punto, la leyenda es similar para todas las civilizaciones que la han escuchado. Sin embargo, hay un final diferente por cada pueblo o incluso persona que la conoce. Nunca sabremos con certeza como termino esta legendaria historia o si aun continua. Quizás son millones de guerras interminables y en este preciso momento se disputa una dentro de nosotros mismos.

Sobre el alma

Escrito por intentodeobjetividad 02-02-2014 en General. Comentarios (0)


 La existencia del alma conlleva diversas dificultades lógicas. Para empezar, el inicio del alma de cada ser no es claro. Supongamos a un ovulo fecundado como el comienzo. Más allá de su potencialidad, posiblemente en algunos meses sea un bebe, el ovulo y el espermatozoide no son más que células del cuerpo humano. Entonces ¿Por qué no consideramos que todas las células tienen alma? La definición de alma también es confusa. Los recuerdos y los pensamientos son procesos que se producen físicamente en ciertas zonas del cerebro y está científicamente demostrado.  Esto reduciría el alma a un simple ente desindividualizado. Sería una simple fuerza que supuestamente esta dentro de nosotros y según el consenso es lo único de eterno que tenemos. Pero ¿Por qué deberíamos ser eternos? Quizás creerlo solo sea un mecanismo de autodefensa para no desesperarnos ante el fin de nuestra vida. Eso explicaría la presencia de religiones en los diferentes pueblos que habitaron nuestro planeta.

 Cada ser humano es una numerosa pero finita cantidad de células con variedad de formas y funciones. El hecho de que miles de pequeñas vidas formen una única como nosotros mismos es raro pero relativamente cierto. No obstante,  posiblemente no seamos un ser en plenitud. Esa sensación de individualidad solo es ficticia. Adquirir la conciencia de la existencia propia nos permite subsistir, la tienen los animales y el hombre. A partir de este conocimiento identificamos por oposición a todos los seres y objetos ajenos a nosotros. Ningún animal se daña a sí mismo, o a lo que cree que es él mismo, a menos que eso genere un bien mayor para su  especie ya que el fin primario de todos los seres es subsistir individual y colectivamente. La capacidad humana de poder revertir varias de sus características animales le permite poder prescindir de su vida practicando el suicidio. 

 Si esta conjetura es cierta, hay un argumento más para afirmar la inexistencia de las almas. No somos un ser especifico somos una composición de células en continuo movimiento. Están unidas físicamente, conforman un solo cuerpo pero no son una única vida o ser. Los animales nacen con instintos y los humanos también pero los suyos pueden ser naturales (comer, dormir, respirar, conciencia de uno mismo, etcétera) o racionales (creencia en lo eterno). Cuando morimos simplemente nuestro organismo deja de poder cumplir sus funciones y así nuestra materia continua el ciclo de la naturaleza. Es difícil pensar de esta forma porque es necesario abstraerse de la realidad. Nuestra individualidad es una ilusión que nos permite vivir.