Intento de Objetividad

El dragón inmortal

En un rincón de alguna cordillera de cierto continente dentro de nuestro inmenso planeta está la prisión del gran Dragón. El mismo que hace miles de años atormentó a millares de pueblos y del que hablan todas las historias que conocemos.  Claro está que él no escupe fuego ni su tamaño se mide en kilómetros. Su naturaleza es mucho más terrenal de lo que actualmente pensamos aunque aún así es el terror hecho carne. La duda es obvia: ¿Quién o qué logró que la otrora temible bestia ahora sólo tenga fuerzas para sobrevivir?

Muchas leyendas lo son porque exageran y distorsionan un aspecto de la realidad, no tanto por su falta de sustento absoluto en ella. Nadie sabe exactamente qué ocasionó el ocaso del terrible monstruo pero la historia más creíble posee este desenlace. Todo terminó con una increíble tormenta que lo atacó peor que cualquiera de sus enemigos. Los poderosos vientos y los truenos fueron insoportables para el pobre dragón. El refugio de su sufrimiento fue la cumbre de la montaña más cercana al cielo. Allí paso la noche pero al día siguiente cuando quiso irse, a lo lejos escucho nuevamente el ruido de la tempestad. Una y otra vez sucedió lo mismo hasta que decidió permanecer inmóvil mientras ese estruendoso sonido siguiera. Pasaron meses, años y siglos pero nunca dejo de sentirlo.

La naturaleza es incontrolable pero puede ser encauzada. De esta forma, un poderoso mago logró detener al inmortal. Antes que él ideará su plan, todos habían querido resolver la duda ¿Cómo podía matarse a un ser que no muere? La pregunta era una contradicción en sí misma. El mago entendió que la solución era encarcelarlo pero ¿Cómo? ¿Qué cadenas podrían contra su destructora furia? Además ¿Quién tendría la valentía de vigilarlo? Rápidamente entendió qué debía hacer. Solo había que esperar el momento adecuado para ejecutar su ingeniosa idea. Le prometió al rey y al pueblo cumplir su misión sin necesitar otra cosa más que tiempo. El rey perplejo quiso saber el plan pero el mago se lo negó. En poco tiempo, el dragón desapareció de la faz de la tierra.

La bestia no tiene ninguna cadena que lo detenga ni ningún guardián que lo vigile. Al final,  las cadenas se oxidan y los guardianes perecen. Tiene una prisión eterna como él. La tormenta que lo asustó fue real pero la que cree ver cuando quiere alejarse de su refugio no. El mago solo necesitó unos días para librar a la tierra de su peor depredador. Ahora el mínimo susurro del viento provoca el máximo terror en el Dragón. No lo nota porque su propio miedo creó un mundo diferente al nuestro. Un mundo donde elige el seguro sufrimiento y no la horrenda expectativa. Un mundo donde es libre pero él mismo no se lo permite. Un mundo donde la soledad lo acompañará hasta el fin de los tiempos.


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